Otro día más. Otro Lunes cualquiera. De camino a clase veo a personas medio dormidas, que llegan tarde a cualquier sitio. Pero eso, ¿qué más da? Otro día más en el que no se que hago. Me pregunto y me vuelvo a preguntar qué es lo que hago aquí, para qué sirvo, por qué he nacido. Pero acto seguido me digo: eh, qué estas pensando. Siento lástima de mi misma. Oh, vamos, ¿se puede ser más patética?
Días monótonos y rutinarios. Todos los días igual. Uno termina por cansarse. Me gustaría irme, empezar en otro sitio... Pero al mismo tiempo no quiero, me quedaría como estoy por miedo a perder lo que he conseguido. Miedo a no poder adaptarme o encajar en otro sitio.
Y también miedo de lo que diga la gente. Miedo de lo que puedan pensar de mi, de mi físico, de mi personalidad... Hay días en los que pienso que no, que no debería preguntarme de cosas tan extremadamente insignificantes. Porque, ¿qué más da? La gente puede pensar lo que quiera de mi, ¿no? Me afecte o no me afecte la gente va a seguir pensando lo mismo así que, ¿por qué debería dejar que me afecte? Bah, soy una persona que intenta mostrarse indiferente a las críticas de los demás, pero que en el fondo es muy insegura, que no se siente cómoda consigo misma y no sabe que hacer. Oh, vamos, ¿por qué mierda estoy dejando que esto me afecte? ¿ Por qué dejo que una panda de imbéciles, que no merecen mi atención, minen mi autoestima? Debo dejar de preocuparme de eso. De lo que digan de mi, de lo que piensen sobre mi los demás. Claro que quiero caer bien, pero no por ello voy a dejar de ser yo misma... ¿O sí...?
No hay comentarios:
Publicar un comentario