Otra vez, vuelta a lo de siempre. Todos los días igual. Me levanto, me visto, me arreglo y me voy. Salgo corriendo de casa. Otra vez voy tarde. Llego justo a tiempo, mientras el timbre termina de sonar, y me dirijo a mi mesa. Y te veo. Estás ahí, sentado, hablando con varias personas y riéndote. Me gusta cuando te ríes. Tus ojos brillan de alegría. Me encantaba cuando esa sonrisa era para mi. Me siento y tú te das cuenta. Te acercas, me saludas. Te acercas demasiado y haces que se desboquen los latidos de mi corazón. No es justo. Te sientas delante mía y la clase empieza. Me gusta mirarte mientras te intentas concentrar y no lo consigues. Me hace reír. En los recreos eres un poco pesado, pero aun así divertido. Te gusta hacerme rabiar, que te preste atención, ¿no es así? Bah, hay días que me canso. Que termino por no echarte cuenta y tú te molestas. Me dices bajito y molesto que estoy pasando de ti. Y al parecer eso no te gusta, ¿verdad? Te miro fijamente y no digo nada. ¿Qué podría decir? ¿Que estoy cansada de tener que pasar siempre por lo mismo? No. Eso terminaría con todo.. Pero.. ¿No era eso lo que quiero? ¿Terminar con todo? Ya ni siquiera tengo claro lo que deseo. Bueno, sí. Deseo dejar de sentir ese doloroso cariño que siento por ti.
Cuando nos quedamos a solas eres un poco distinto. Sí, sigues molestándome para que te preste atención pero es distinto. Y eso no me hace gracia. Debería ser igual que cuando estamos con más gente. Que discutamos de broma y luego nos echemos a reír. No tendríamos que cambiar nuestra manera de comportarnos...
No hay comentarios:
Publicar un comentario