Con todos resulta ser siempre lo mismo. Se repite una y otra vez con pequeñas variaciones. Ni siquiera hace falta que el chico en cuestión esté en la misma ciudad o mismo país que yo, de un modo u otro siempre consigo fastidiarla.
Mandé a la mierda todo con el chico de Madrid.
Llegué incluso a perder a un chico que ni siquiera tuve, dado que estaba en Bélgica. EN BÉLGICA. ¿Quién me manda a mi a implicarme emocionalmente con alguien que se encuentra "tan lejos"?
La de estupideces que hice por esos dos.
Es decir, pienso en la chica que solía ser y no sé si reír o llorar. Creo que era capaz de humillarme por su atención. Era tonta. Muy tonta.
Pero es justificable, ¿no? No llegaba a tener ni 14 años, era inmadura y quería sentirme querida. Y fui querida, o al menos eso creo.
Porque llegados a este punto, en mi escasa vida amorosa, contando rollos de una tarde, relaciones de varios días, relaciones de pocos meses y líos de una noche, nunca, nunca, nunca, he recibido un "te quiero" sincero, porque todos los que recibía iban con la única finalidad de conseguir meterse en mis pantalones.
Y yo llegué a querer a alguno. Y lo único que logré sacar de todo ellos, fue desengaño, desilusión y el corazón un poco más roto que con el anterior (y algún que otro recuerdo de agradable) Y mentiras.
MUCHAS MENTIRAS. A mis padre, amigos, amigas y sobre todo a mi misma.
Y aprender que las cosas duelen más de noche, que los príncipes azules a la larga destiñen y que todos los "te quiero" se vuelven amargos.