
La atención que me brindas. Las conversaciones que pasan de ser dulces a subidas de tono en menos de dos segundos. Tus piropos. Mis constantes evasivas.
Lo echaré de menos cuando termine acostándome contigo y tú me olvides. Porque visto lo visto es lo que va a pasar.
Tonta. Más que tonta.
Que me pueden las palabras bonitas.
¿Sabes? Esto no se me da bien. No sé que responder cuando me dices todas esas cosas. Simplemente me río, o cambio de tema rápidamente.
Nunca se me ha dado bien ese tipo de cosas.
Respondo una cosa cuando en realidad me gustaría decir otra. Pero no la digo por miedo. O por vergüenza.
Resumiendo: tú eres demasiado dulce e hipócrita. Yo soy demasiado fría y crédula.
O al menos eso es lo que parece.
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