
Cada día es tan parecido al anterior que parece que vivo el mismo una y otra y otra vez. Lo único que los diferencia es alguna llamada de teléfono, que hace el día menos monótono.
Cada cosa que hago es como automática, como si estuviera programada y esa sensación me asfixia, revelando que la ansiedad intenta entrar en juego. Todo parece tan irreal.
Es triste. Siento lástima de mi misma pero no hago nada para dejar de ser tan patética y al mismo tiempo, procuro parecer feliz, exultante y llena de energía delante de todos para que no comiencen con las preguntas.
Odio las putas preguntas.
Si me da la gana de estar de mal humor, no me preguntes si me pasa algo, es más que evidente que algo pasa, pero que no tengo ganas de hablar sobre ello.
Me hastía que preguntéis siempre lo mismo.
Me aburre.
Debería hacer algo provechoso, pero no tengo ganas. No tengo ganas de nada.
Empiezo a mirar con otros ojos la idea de largarnos del país. Así al menos tendría algo en lo que volcarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario