5.6.13

122. Cambiar

 
Siempre he sido de esa clase de personas que guarda prácticamente todo: cuadernos, dibujos, cartas, fotos, correos electrónicos, conversaciones... De esas personas a las que parece que les cuesta dejar atrás el pasado, ¿no? Parece algo enfermizo, la verdad.
Pero me he dado cuenta de que me ha servido de algo almacenar esos años, porque poco a poco los voy olvidando, dejándolos en un rincón de mi memoria y abriendo paso a nuevas vivencias que parecen no llegar.
Nuevos amores, nuevos amigos, nuevos lugares, nuevos desengaños y decepciones, nuevos comienzos al fin y al cabo.
Lo bueno de guardar eso es que te hace más fácil recolectar toda esa información del pasado que mayormente es inservible, pero posee un valor sentimental, pero revivirlos puede ser doloroso. Bastante doloroso.
En estos últimos 4 años he cambiado radicalmente al menos 3 veces.
El salto a la adolescencia.
La fase antisocial.
Y el llegar a madurar un poco como persona, haciendo estupideces y locuras, pero madurando al fin y al cabo.
Leo esos te quiero que quedan en le pasado, sin significado y que salieron con tanta facilidad de nuestras bocas, los primeros amores y desengaños con los chicos, las peleas sin reconciliación con las supuestas amigas y un sinfín de cosas que dejaré atrás y meteré en un baúl, para poder avanzar como persona.

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