
Bueno, pues ha pasado lo impensable.
A ver, como dije en una de las entradas anteriores la inspiración me llega en clase. Lo que hago es escribir todo lo que me viene a la cabeza en la parte final del cuaderno, arrancar las hojas escritas y llevarmelas a casa para escribirlas aquí, en el blog.
Hace unos días (el Sábado) me puse a buscar esas hojas y... sorpresa: no las encontraba.
Ayer pasé por la habitación de mis padre y encima del televisor vi unos papeles, y por mi costumbre de leer todo lo que veo, me acerqué para ver que tenía. Casi me da algo, cuando descubro que son mis papeles. Mis padres habían estado registrando mi habitación. Lo que yo llamo una invasión a mi intimidad.
Ya decía yo que estaban muy amables. En esos papeles hablaba principalmente de autolesión y ganas de desaparecer.
Y yo que creía que habían cambiado un poquito porque se habían dado cuenta de que algo no iba bien...
Menuda decepción.
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