
No quiero estar en casa, pero tampoco sé dónde quiero estar.
No quiero escribir.
No quiero dibujar.
No quiero leer.
No quiero hablar.
No quiero ver a nadie.
Lo único que quiero es dormir. Dormir y dormir y dormir.
Porque cuando duermo no pienso. Cuando duermo nadie me hace preguntas.
Sigo con mis malos hábitos y no creo que vaya a dejarlos.
Me relajan. Son algo que, al ser secreto, solo me pertenecen a mi.
Supongo que los dejaré cuando provoquen un daño mayor.
Nada de lo que hago me satisface. No sé quien soy. No sé que quiero. No sé nada.
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